Corriendo en la naturaleza (5): Día de aventuras

9 min lectura. 19 de septiembre de 2026 [Personal] #Deporte #Salud #Corriendo en la naturaleza

Ayer estuve dedicando un buen rato por la tarde a mirar mapas topográficos de la zona por la que salgo a hacer trail running. En las últimas salidas estaba llegando a subir a La Coscollada (465m) después de dar un rodeo, y para esta salida me propuse ir allí directo con la intención de bajar por otra ladera y volver a subir, al menos una vez, con la posibilidad de repetir la jugada si iba bien de tiempo y sensaciones. Y para ello diseñé un plan... que luego no fue como yo esperaba.

El plan original implicaba diseñar una ruta de 18km (extensible a 23km si hacía otra subida a la misma cima) con unos 727m de desnivel positivo (extensible a unos 1.000m). Es decir, posible distancia de media maratón con 1.000 positivos si tenía a bien extender la salida un rato más de lo planificado. Os dejo aquí el enlace de Wikiloc, pero ya os adelanto que el recorrido sufrió modificaciones.

La aventura comenzó con normalidad. Estrenaba algunos elementos de mi atuendo, mencionando especialmente las zapatillas, que he de decir se portaron magnificamente hoy. Fui directo a La Coscollada y cerca de la cima me crucé con otro trail runner que bajaba y, jocosamente mientras continuaba ladera abajo, me dijo que no subiera, que estaba el bar cerrado. Nos reímos y saludamos mutuamente sin pararnos. Ya arriba emprendí la bajada por un sendero nuevo para mí, que descendía por la cara norte (cuento esto como si estuviera en el Anapurna, pero no nos salgamos de la historia).

Dicho sendero estaba muy roto, lleno de piedras sueltas, surcos hechos por el agua... Saqué el móvil para tomar una foto del terreno, con la intención de enseñársela más tarde a mi amigo Carlos. Tenemos una conversación recurrente estos últimos días sobre qué terrenos son aptos para bici por estos lares y, como creo que teme (levemente) por mi integridad física cuando le digo que me voy a comprar una mountain bike para lanzarme cuesta abajo, pensé que le haría gracia y le escandalizaría a partes iguales.

Descenso facilito para ir con la bici... ¿no?

Por cierto, Carlos escribe desde blogs hasta novelas. Y sí, uno de los temas sobre los que escribe es sobre correr (con un toque muy humorístico), aquí os dejo su blog para que disfrutéis de su prosa, muy recomendable. Tenéis enlaces a sus otras obras en su perfil de Mastodon, por si fuera de vuestro interés.

Total, que seguí bajando mientras rumiaba sobre la foto que le iba a mandar cuando, 30 metros más abajo, me encontré a un chaval cambiando una rueda de la bici porque había pinchado. Le pregunté si todo bien y dijo que sí, que le traían un hinchador más potente ahora. Y acto seguido vi aparecer a uno de sus compañeros de grupeta. Viendo que no estaba ahí tirado en medio de la nada proseguí mi camino ladera abajo.

El terreno tenía una pendiente bastante pronunciada, un bosque cada vez más denso y oscuro, con terreno de cierta tecnicidad a ratos, y ahí estaba yo concentrado bajando, con los sentidos puestos en el terreno... hasta que noté un dolor agudo por el tobillo izquierdo. ¡Me estaba picando una avispa! La ví ahí retorciéndose encima de mi calcetín. Pegué un brinco de asombro, y un grito como si hubiera visto a la criatura de Alien, el octavo pasajero (bueno, quizá no tanto, pero un susto me llevé sin ninguna duda). Una fracción de segundo después le pegué un manotazo instintivamente y desapareció de mi vista, y yo me dispuse a soltar improperios, tacos, palabras malsonantes... En fin, aventuras. Seguí bajando y eché varios vistazos a lo largo de los minutos para ver cómo evolucionaba la picadura, con la esperanza de que no me diera mucho la lata, que estaba en medio del monte. Pero ya me faltaba poco para llegar cerca de algunas casas. Solo había recorrido 2km desde La Coscollada, pero a mí me parecía que llevaba bajando un rato muy largo.

Seguí el mapa que me había planificado durante otro kilómetro más, mientras bordeaba algunos terrenos privados cuando vi que el sendero se iba haciendo cada vez más angosto, más agreste... Muchos árboles caídos, muchos troncos con hongos, cada vez el camino parecía más abandonado hasta que ya se me hacía un mundo avanzar. En ese momento miré el reloj. Solo había recorrido 8 kilómetros, estaba en el punto más alejado de la salida y si seguía el camino que me había planificado me quedaban como mínimo otros 2 kilómetros cuesta arriba por un sendero que ni siquiera estaba yo muy seguro de que existiera (al menos no durante la extensión total de éste). La dicotomía sobre volver a La Coscollada era clara: 2km por un sendero desconocido o 3km por donde había venido. En ese momento decidí darme la vuelta, más vale malo conocido...

En mi camino de vuelta intenté tomar algún atajo, no por recortar sino por explorar algo más. Llevaba hora y media por ahí trotando y quería conocer algo más el terreno. En una de estas bifurcaciones con un camino amplio con huellas de rueda de coche (esta es la mía, pensé para mis adentros) vi un cartel semi-escondido entre unos árboles: ATENCIÓN, ABELLES. Yo que no soy muy docto en el catalán seguí avanzando mientras me preguntaba qué serían "abelles"... hasta que vi a lo lejos unos panales de abejas. Vale, ahora estaba muy claro.

Mientras daba media vuelta y retomaba el camino que me había llevado ahí miré el mapa en el reloj, intentando ver cómo de lejos estaban esos panales de la agresión sufrida anteriormente. Quedaría a medio kilómetro en línea recta, pero es verdad que había un bosque muy espeso de por medio ¿La habría visto mal y era una abeja en vez de avispa? No he visto el aguijón, pero también es verdad que ha sido a través del calcetín... ¿Quizá se haya desenganchado al retirarlo? Me seguí haciendo esas preguntas mientras deshacía lo andado, sin especiales ganas de volver a pasar por donde el mentado insecto. Revisando el mapa de Wikiloc vi que había algún desvío parcialmente por pista de tierra, como ruta alternativa a ese tramo, y lo tomé sin dudarlo.

Los próximos kilómetros transcurrieron sin mucha novedad. Volví a la cima y bajé por otra ladera muy apta para avezados ciclistas de montaña. Temí que bajara uno a toda mecha mientras intentaba yo bajar por ahí sin caerme, pero no apareció nadie. Quizá otro día intente subirla, puede ser un buen reto.

Repuse agua en el kilómetro 14 de la ruta y cuando estaba por el kilómetro 17 ya me faltaba poca distancia hasta la meta, pero tenía ganas de más kilómetros y más desnivel, así que tomé la decisión de hacer 4km extra por una zona conocida. 4km que me darían para otro par de anécdotas (sin más avispas, lo prometo).

Un kilómetro más tarde estaba llegando a un restaurante que está en un área de recreo de la zona, apartada de más construcciones, y la parada tenía un motivo: reponer carbohidratos. Hoy había una boda, pero tuve suerte de que la zona del bar estuviera vacía, ya que la gente disfrutaba del evento en otro espacio. Pedí por favor una Coca-cola Original. La que tiene azúcar, no me pongas vaso que la voy a echar al flask, puntualicé, por si acaso. Me sacaron una lata y al ir a pagar con el móvil me fijé que el que me estaba cobrando, un señor mayor, debía haber patinado al teclear el importe porque ponía 25,09€ en vez de los esperados 2,50€. Bromeé sobre el precio de la Coca-cola, diciéndole que por 1€ más sí que le compraba el restaurante. Un camarero joven se rió, el señor no se lo tomó a mal pero estaba concentrado en su afán de teclear correctamente y corrigió el importe con presteza. Pagué (ahora sí) y vertí el contenido en un soft-flask vacío. Este truquito de corredores de meter azúcar con agua fresquita carbonatada es una maravilla (no tiene por qué ser de marca como hice yo hoy, podéis usar mejores alternativas). Te lo bebes sin pensarlo y sienta genial si llevas ya un buen trecho, actuando un poco como un botón de reset. Eso sí, aseguráos de que dejáis escapar el gas antes de amorraros al flask, vuestras vías respiratorias (especialmente la nariz) os lo agradecerá.

Otro kilómetro más tarde (sobre el 19 de los 22 que hice finalmente) me encontré con la última situación inesperada. Tampoco hubo heridos esta vez, os lo prometo.

Subiendo un camino me encontré unas mochilas tiradas a un lado, con ropa diversa y... ¡armas! Bueno, armas que eran claramente de juguete, seguí unos metros y encontré a sus dueños. Había dos personas vestidas de militares, una tercera persona vestida de negro (¿estilo John Wick? ¿O de algún manga/anime? La verdad es que no me fijé bien) y un fotógrafo dándoles instrucciones para la sesión. Les saludé sin pararme y proseguí con la distancia que me quedaba a meta mientras me convencía de que tenía que hacer esta publicación en el blog para contar todas estas aventuras, sí o sí.

Así que esa ha sido la experiencia de hoy. 22,11km y 972m de desnivel. Al final me pasé un poco del tiempo pautado de entrenamiento, pero ha merecido la pena. Incluso con la picadura. Creo.

P.D: Mientras escribía esta publicación me ha picado un mosquito en los pies tres o cuatro veces. ¿¡Qué les pasa hoy!? En fin, nos leemos en la próxima.

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