Corriendo en la naturaleza (4): Media maratón en los Pirineos

11 min lectura. 07 de septiembre de 2026 [Personal] #Deporte #Salud #Corriendo en la naturaleza

Me van a perdonar mis queridos lectores por este silencio dejando pendiente la última entrega de las aventuras en los Pirineos. Han sido semanas muy ajetreadas en las que no he podido sacar tiempo, o no he querido, que había otros compromisos más acuciantes como disfrutar del verano.

Ahora que volvemos a la rutina aprovecho para concluir esta mini-serie que tuvo lugar hará ya dos meses. Sí, voy con mucho retraso, lo sé. ¡Comencemos!

Durante las Navidades pasadas había hecho una distancia de media maratón por primera vez, y fue subiendo unos montes en las inmediaciones de Bilbao, en total unos 23-24km y unos 1.000 metros de desnivel. Y ahora me disponía a hacer unos 22-23km y más de 1.500 metros de desnivel, con una diferencia fundamental, y es que comenzaba a unos 1.000 metros de altura y no al nivel del mar como en Bilbao.

Ruta proyectada en Wikiloc con perfil de elevación

Estuve estudiando una ruta que involucraba el Canal Roya, cerca de las zonas que he ido mencionando en las últimas 2 entradas, incluyendo también el Anayet, al que nunca antes había subido. Después de darle vueltas a diferentes variantes ideé la ruta, siendo de carácter circular. Comenzaría en el suroeste y discurriría en sentido anti-horario.

El primer tercio de la distancia comprendía prácticamente toda la subida, unos 1.300m en unos 7km, siendo luego algo más llano en el segundo tercio, ligeramente en descenso, y la última parte un descenso continuo pero con mucha menos pendiente que la subida inicial.

El día de la marcha me pertreché con 2 litros de agua que me tenían que durar para todo el trayecto (había zonas con agua, pero habiendo ganado por todas partes era mejor evitar beberla), un par de soft-flask con hidratos de carbono (a posteriori pienso que fue poca cantidad), bastones plegables de trail (imprescindibles para subidas pronunciadas) y demás enseres propios de una carrera de varias horas en alta montaña.

Tuve la inmensa suerte de que estuviera nublado durante casi todo el recorrido, sinceramente marcó una diferencia tremenda con el infierno que podría haber sido si tuviera un sol abrasador. Disfruté de una temperatura agradable casi todo el tiempo.

Comencé la salida corriendo, con los bastones armados y en la mano... y a los 30 minutos se acabó el correr. La pendiente era cada vez más pronunciada y bajé al modo "bastonear cuesta arriba sin demasiada prisa", manteniendo un nivel de esfuerzo moderado. No quería hacer la estupidez de quemarme en los primeros kilómetros cuesta arriba y tener luego que sufrir lo indecible o, peor todavía, tener que abortar la misión y bajar por donde había venido. Huelga decir que subir una pendiente pronunciada es mucho más fácil (en términos de tecnicidad) que bajar por el mismo sitio sin despeñarse, así que pretendía "guardar piernas" en la subida para no tener que darme la vuelta al de poco.

Canfranc-Estación (izquierda), mazizo de los Lecherines (centro) y Candanchú (derecha) desde el pico de las Menorias

La subida durante el primer tercio se hizo lenta, muy lenta, pero la disfruté mucho. Estaba en una nube (o casi tocándola, ya que parte de la neblina matinal todavía no se había disuelto), disfrutando una de las cosas que más me gusta hacer: deporte en la naturaleza.

Podía ver Canfranc-Estación desde el pico de las Menorias (primer pico de la ruta), o también la Raca al otro lado del valle, y hasta que no hube recorrido unos 5km no empecé a ver el Anayet, cuya cima iba a ser el punto más alto de la ruta. Me tomé mi tiempo para hacer fotos durante múltiples pequeñas paradas. En retrospectiva veo que era un poco peñazo desenganchar los bastones, sacar el móvil, desbloquear, disparar unas fotos, guardarlo, enganchar los bastones y continuar. Pero era la primera vez que pisaba esa ruta y no quería desaprovechar la oportunidad.

La Raca vista desde el pico de las Menorias

Entre la cima de el Porté (segundo pico de la ruta) y la cima del Anayet encontré el paso más difícil del día, revisando el mapa y las fotos lo sitúo en el collado de Porté. Era una zona de roca muy suelta y con pendientes hacia ambos lados. No era una zona con demasiado peligro, pero tampoco quería resbalarme y caer rodando unos metros sobre piedra rota y afilada. En cualquier caso, igual tardé como 15-20 minutos en recorrer una zona de unos 100 metros. Definitivamente no era un sitio muy apto para correr.

Vistas del vértice del Anayet (centro), pico del Anayet (izquierda) y el collado de Porté (en primer plano, debajo del pico del Anayet)

También es importante mencionar que en ese momento ya llevaba un rato por encima de los 2.000 metros de altitud y, aunque no era muy consciente en aquel momento, recuerdo que me costaba más moverme y pensar, como si todo fuera a cámara lenta. Iba tomando decisiones sobre si ir por aquí o por allá, de si volver unos metros más atrás para poder pasar por una zona más fácil, o de ir apuntalándome con los bastones para tener siempre varios puntos de apoyo en zonas más técnicas. Es interesante cómo de una manera sutil te vas volviendo cada vez más lento según ganas altitud, y no necesariamente por estar cansado. Recuerdo que no me sentía especialmente fatigado, obviamente acumulaba cansancio pero era más como que el tiempo se enlentecía según iba ascendiendo.

Cuando llegué al vértice del Anayet (2.559m), punto álgido de la salida, habían pasado unas 2 horas y 45 minutos. Recuerdo que iba mirando el reloj cada cierto tiempo y claramente esa zona por encima de los 2.000 metros había sido tremendamente lenta. Desde ahí se podía ver el pico del Anayet (sí, lo sé, cualquiera diría que vértice y pico podrían ser un mismo lugar, pero son dos estructuras diferentes, separadas por unos cientos de metros), cubierto constantemente por la sombra de una nube. Contemplarlo desde la cima (ligeramente más elevada) hacia esa oscuridad era una sensación inquietante, amenazante, ominosa... O quizá solo fuera que me faltaba oxígeno y mi cerebro estaba interpretando un poco lo que no era.

Vértice del Anayet (2.559m), con el pico del Anayet cubierto por las nubes

Allí arriba no me entretuve demasiado tomando resuello. Hacía algo de fresco, me había tomado demasiado tiempo subir las interminables laderas y quería empezar a bajar cuanto antes hacia las joyas de la zona, los ibones del Anayet. Comencé a descender en dirección al pico del Anayet, hasta el collado del mismo nombre (sí, en esa zona todo es del Anayet, siento que me repito inevitablemente), y de ahí hacia los ibones. Crucé éstos corriendo sin pararme mucho, únicamente en el más voluminoso. Antes de que os echéis encima por tamaño sacrilegio, os aclaro el por qué de esta situación. La ruta seguía hacia el este para bajar un tramo en dirección a las pistas de esquí de Formigal, tomar unas fotos de los montes del fondo y volver a subir a los ibones. Estaba un poco cansado de subir la ladera infinita de las últimas horas y quería hacer ese tramo de bajar y volver a subir cuanto antes para, y esta vez sí de verdad, no tener que subir más en toda la ruta y poder disfrutar de llanear un rato en los ibones.

Mientras bajaba ese tramo de poco más de un kilómetro disfruté de sentirme con un poco más de energía. Para entonces habían pasado ya unas 4 horas desde que inicié la ruta, y aunque quedaba todavía la mitad de la distancia, ya estaba racionando los hidratos de carbono, que no me quedaban muchos. Estaba bastante fatigado, las piernas pesaban mucho, los brazos bastoneaban cada vez con menos fuerza, pero tenía esa chispa que te da la emoción de estar explorando en solitario un lugar nuevo.

Vistas en dirección a Formigal

Después de bajar hasta el punto que consideré oportuno (la idea inicial era acumular kilómetros y desnivel, no solo visitar el Anayet) disparé algunas fotos en lugares bonitos y emprendí de nuevo la subida hacia los ibones. Esta vez sí la acometí con más brío que las subidas iniciales. Solo quedaba esta subida para tener un pequeño descanso antes de la larga bajada final. Ya en los ibones fui correteando por aquí y por allá, haciendo más fotos. Os dejo un par para que las disfrutéis.

Ibón grande del Anayet, con el vértice (izquierda) y el pico (derecha) de fondo

Ibón pequeño del Anayet

Cuando hube terminado de visitar la zona de los ibones, me dirigí a la zona por la que iba a descender. En esta ladera hay una bajada pronunciada con mucha piedra suelta que desemboca en la Rinconada, un anfiteatro natural a los pies del Anayet por donde baja el agua de los ibones hasta ir ganando caudal en el Canal Roya. Una vez en la Rinconada quedaba lo más fácil, se había acabado el terreno técnico, las cuestas escarpadas, y también parte de la incertidumbre, ya que esa zona la había pisado en otras ocasiones.

Rinconada (depresión en primer plano) y el Canal Roya (al fondo) vistas dede el Anayet

Se sorprenderán mis queridos lectores cuando les diga que ahí, en una zona de hierba sin nada especial más que unas pocas piedras, me torcí el tobillo mientras andaba relajado y lentamente, escribiendo un mensaje a mis progenitores para decirles que estaba ya en territorio conocido. Un tobillo que me había dado algunos problemas en los meses anteriores después de torcérmelo 2 veces en una misma salida por un monte cerca de Barcelona. Maldije por lo absurdo de la situación, después de toda la dificultad de las últimas horas resulta que el único percance que tuve fue sin hacer prácticamente nada.

Vista atrás a la Rinconada desde el Canal Roya, el Anayet queda encima de la pared

Pero la suerte me sonrió una vez más. El dolor agudo que había notado al pisar mal lo identifiqué con un tobillo resentido de tanto traqueteo, más que un daño real. Apreté un poco más los cordones de ambas zapatillas y me puse a correr ladera abajo. Unos minutos más tarde iba notando cómo las molestias se iban desvaneciendo, todo iba bien. Según descendía por Canal Roya notaba cada vez más y más energía, gracias a una menor elevación y a conocerme bien el terreno. Seguí descendiendo cosa de hora y media, ya que desde la Rinconada hasta la meta eran 8 kilómetros, con todo el cuerpo fatigado, sin hidratos pero todavía con algo de agua. La ruta circular fueron en total unas 7h. Esta salida ha sido para mí la más dura hasta la fecha, y tengo ganas de hacerla de nuevo el año que viene, con la intención de mejorar bastante la marca (¿y quizá recortarle un par de horas? ¡ya se verá!).

Canal Roya a un par de kilómetros de la meta, con mucha más vegetación gracias a una menor elevación

Con esto concluye la mini-serie de los Pirineos dentro de la serie "Corriendo en la naturaleza". Gracias por llegar hasta aquí, espero que hayas disfrutado de la lectura y que te hayan entrado ganas de salir aunque sea a dar un paseo por el monte.

¡Nos leemos en la siguiente publicación!

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